«En caso de emergencia, contactar primero con Owen».
—¿Quién escribió esto? —pregunté.
—Owen dijo que usted lo había autorizado —respondió Karen—. Pero cuando intentamos confirmar la información, nos dimos cuenta de que había algo extraño.
Sacó otra hoja de la carpeta.
Era una copia del documento de identidad que Owen había presentado.
—No podemos afirmar que haya cometido un delito. Pero hay una diferencia entre los datos que nos facilitó y los que aparecen en su registro anterior. Por eso decidimos no entregar a Greta hasta verificar su identidad y contactar con usted.
Me quedé mirando los documentos.
Owen conocía mi dirección, mi horario de trabajo y prácticamente todos los detalles de mi vida.
Pero ¿por qué habría intentado registrar a mi hija con información que yo no había autorizado?
Y, sobre todo, ¿por qué había huido?