Aquella respuesta me desarmó más que cualquier excusa.
Abrí la guantera.
Saqué los papeles del divorcio.
Lucía los vio.
Su rostro perdió el color.
—¿Ibas a dejarme?
—Pensé que me estabas engañando.
Se cubrió la boca.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente guardé los documentos.
—No voy a tomar una decisión sobre nuestro matrimonio esta noche. Pero tampoco voy a fingir que no pasó nada.
Ella asintió entre lágrimas.
A la mañana siguiente llamé a un despacho jurídico independiente.
No quería que Adrián Barrera supiera qué documentos estábamos revisando.
La abogada que aceptó atenderme se llamaba Verónica Salas.
Escuchó la historia y examinó las copias.
—Mateo, lo primero es verificar la autenticidad de estas transferencias y preservar los documentos originales.
—¿Podemos investigar sin alertar a mi familia?
—Podemos comenzar con una revisión autorizada de los registros de tus propias sociedades. Si encontramos indicios de delito, habrá que acudir a las autoridades.