PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI FAMILIA ENTERRÓ EN VIDA Y EL SECRETO DE LOS 32 MILLONES

Aquella respuesta me desarmó más que cualquier excusa.

Abrí la guantera.

Saqué los papeles del divorcio.

Lucía los vio.

Su rostro perdió el color.

—¿Ibas a dejarme?

—Pensé que me estabas engañando.

Se cubrió la boca.

Durante unos segundos ninguno habló.

Finalmente guardé los documentos.

—No voy a tomar una decisión sobre nuestro matrimonio esta noche. Pero tampoco voy a fingir que no pasó nada.

Ella asintió entre lágrimas.

A la mañana siguiente llamé a un despacho jurídico independiente.

No quería que Adrián Barrera supiera qué documentos estábamos revisando.

La abogada que aceptó atenderme se llamaba Verónica Salas.

Escuchó la historia y examinó las copias.

—Mateo, lo primero es verificar la autenticidad de estas transferencias y preservar los documentos originales.

—¿Podemos investigar sin alertar a mi familia?

—Podemos comenzar con una revisión autorizada de los registros de tus propias sociedades. Si encontramos indicios de delito, habrá que acudir a las autoridades.

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