PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI FAMILIA ENTERRÓ EN VIDA Y EL SECRETO DE LOS 32 MILLONES

Y ningún secreto, por terrible que sea, puede permanecer enterrado para siempre sin terminar afectando a quienes intentan vivir sobre él.

Cuando salí de la residencia, Nicolás me estaba esperando junto al coche.

—¿Listo, Mateo?

Sonreí.

—Listo.

Él abrió la puerta y se volvió hacia mí.

—Papá, ¿vamos a llegar tarde a la comida?

Me quedé inmóvil.

Había pronunciado aquella palabra con naturalidad.

Sin obligación.

Sin miedo.

Simplemente porque había decidido hacerlo.

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.

—No, hijo. Esta vez vamos a llegar a tiempo.

Nicolás sonrió.

Y nos marchamos juntos.

FIN.

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