PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI FAMILIA ENTERRÓ EN VIDA Y EL SECRETO DE LOS 32 MILLONES

Nicolás no sabía que yo existía.

Ni que Valentina estaba viva.

Ni que su abuelo llevaba años intentando encontrarlo.

Cuando recibí su fotografía actual, tuve que sentarme.

Tenía mis ojos.

Mi sonrisa.

Y la misma pequeña cicatriz junto a la barbilla.

No quedaba ninguna duda de que había algo más que una simple semejanza.

Aun así, debíamos confirmarlo mediante pruebas legales y genéticas.

Verónica me advirtió que no podía acercarme a él de manera impulsiva.

—Mateo, imagina lo que significa descubrir, a los veintidós años, que toda tu historia familiar puede ser distinta de lo que te contaron. Necesitará tiempo.

Asentí.

Por primera vez, entendí que no bastaba con encontrar a mi hijo.

También tenía que respetar la vida que había construido sin mí.

Pero antes de organizar el encuentro, recibimos una llamada de la policía.

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