Era una antigua residencia familiar en las afueras de León.
Según ella, allí había vivido durante un tiempo una pareja que se hizo cargo de Nicolás cuando era pequeño.
No sabíamos si seguía allí.
Verónica organizó la revisión de los documentos con las autoridades competentes. No íbamos a irrumpir en una casa ni a llevarnos a un joven sin comprobar primero su identidad y su situación legal.
Pero esa misma tarde recibimos una noticia.
El investigador había localizado a Nicolás.
Tenía veintidós años.
Estudiaba ingeniería y trabajaba a tiempo parcial en una empresa de diseño industrial.
Había sido criado por una pareja que, según los primeros registros, desconocía las irregularidades de su adopción.
Su madre adoptiva había fallecido unos años atrás y su padre adoptivo vivía en otra ciudad.