Verónica cerró la carpeta.
—¿Y nunca investigaste?
—Lo intenté. Pero mi madre me mostró un certificado de defunción. Me dijo que debía aceptar lo ocurrido. Después, cuando mi padre desapareció, mi familia se vino abajo y tuve que concentrarme en mantener la empresa.
La abogada me miró con seriedad.
—Entonces no podemos dar por cierta ninguna de aquellas explicaciones hasta comprobarlas.
Revisamos los documentos.
Encontramos una referencia a una clínica privada, una fecha y un número de expediente.
También encontramos algo mucho más inquietante.
Una transferencia de cuatro millones de pesos a una empresa que, años después, había sido absorbida por Inversiones Cobalto.
El dinero había sido enviado tres días antes de la supuesta muerte de Valentina.
Verónica fotografió cada documento y entregó las copias a los agentes.
Yo solo podía pensar en una cosa.