Me senté, pero no conseguía dejar de mover las manos.
—Señor Serrano, hemos encontrado señales de que alguien registró la habitación de su padre. No sabemos si se marchó voluntariamente o si alguien se lo llevó. Tampoco podemos confirmar todavía qué ocurrió con su esposa.
—¿Y la fotografía?
—La examinaremos. Necesitaremos que nos proporcione toda la información que tenga sobre las personas que aparecen en ella.
Saqué el teléfono y llamé a Verónica, mi abogada.
Respondió al segundo tono.
—Mateo, ¿dónde estás?
—En Casa Santa Cecilia. Mi padre ha desaparecido. Lucía también. Y acabo de descubrir algo que no vas a creer.
Le expliqué lo de la fotografía.
Al otro lado de la línea se hizo el silencio.
—Mateo, necesito que escuches con atención. No vayas a enfrentarte a Camila ni a Adrián. Si tu padre dejó esa fotografía, probablemente quería que encontraras algo más.