Dentro había una pequeña llave y una fotografía antigua.
En la imagen aparecían mi padre, mi madre, Camila y Adrián.
Pero había una quinta persona.
Un niño de aproximadamente ocho años.
Lo observé con atención.
Tenía mis mismos ojos.
Mi misma sonrisa.
Y una cicatriz pequeña junto a la barbilla.
Detrás de la fotografía había una frase.
«Mateo, perdóname. Hace veintidós años no desaparecí por el dinero. Desaparecí porque descubrí lo que hicieron con tu hijo».
Sentí que el mundo se detenía.
Yo tenía diecinueve años cuando mi padre se marchó.
Y recordaba perfectamente a la única muchacha de la que me había enamorado antes de conocer a Lucía.
Se llamaba Valentina.
Mi familia me había dicho que murió en un accidente.
Pero ahora, por primera vez, comprendí que quizá también habían mentido sobre ella.# PARTE 3 Y FINAL: El hijo que me robaron y la verdad que mi familia ocultó durante veintidós años