Miré a mi hija, que seguía abrazando su conejo de peluche.
Entonces comprendí que los ochenta y cinco mil dólares nunca habían sido el verdadero motivo por el que Darlene me había llamado.
Mi hija era la heredera que Victor llevaba seis años intentando encontrar. Y ahora sabía exactamente dónde estaba.# PARTE 3 — EL SECRETO QUE MI ESPOSA SE LLEVÓ A LA TUMBA
Durante varios segundos, no pude pronunciar una sola palabra.
Miré a Darlene, que permanecía sentada en el borde de la cama del hospital, con las manos temblorosas y el rostro cubierto de lágrimas. Después miré a Abigail, mi pequeña de seis años, que jugaba distraídamente con las orejas de su conejo de peluche, completamente ajena a que su vida acababa de cambiar para siempre.
Al otro lado del teléfono, el abogado seguía esperando una respuesta.