Le preguntó cuánto creía que costaba aquel vestido y cuestionó que una empleada pudiera asumir responsabilidades.
Sophia mantuvo la calma porque sabía que responder podía costarle mucho más que una humillación.
Entonces Victoria pronunció unas palabras que tocaron una herida mucho más profunda de lo que podía imaginar.
Le dijo que personas como ella deberían sentirse agradecidas por poder trabajar dentro de lugares reservados para gente importante.
Sophia bajó la mirada, pero aquellas palabras despertaron recuerdos relacionados con su padre.
Miguel Reyes había sido un hombre tranquilo, trabajador y extremadamente reservado, aunque poseía habilidades que su hija tardaría años en comprender.
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Cuando Sophia era adolescente, Miguel comenzó a enseñarle una disciplina familiar que él llamaba la Corriente Silenciosa.
Las prácticas ocurrían antes del amanecer, normalmente en el estrecho callejón situado detrás del pequeño apartamento familiar en Queens.