Bajó la mirada.
—Pensaba que hacerte bromas era una manera de demostrar confianza.
Respiró profundamente.
—Pero ahora entiendo que muchas veces me divertía porque sabía que no ibas a defenderte.
Sentí un nudo en la garganta.
Era la primera vez que reconocía aquello sin buscar excusas.
—Gracias por admitirlo —respondí.
Brandon asintió.
—Quiero arreglarlo.
Lo miré durante varios segundos.
Una parte de mí todavía lo amaba.
Habíamos compartido cinco años.
Viajes.
Cumpleaños.
Planes.
Y muchos momentos felices.
Pero también había algo que ya no podía ignorar.
—No sé si puedo volver a confiar en ti —dije.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Ni siquiera si cambio?
Respiré profundamente.
—Puedes cambiar, Brandon. Y espero que lo hagas.
Hice una pausa.
—Pero eso no significa que yo tenga que quedarme esperando.
Él bajó la mirada.
—Entiendo.
Durante las semanas siguientes seguí reflexionando.