silas-Mi Prometido Me Pidió Abandonar A Mis Hermanos Y Perdió Mucho Más Que La Boda

Debí admitir que no sabía si podía hacerlo.

En vez de eso traté de obligarte a elegir.”

Me senté.

Había lágrimas en mis ojos.

No porque quisiera volver.

Porque por fin estaba leyendo al hombre que yo había pensado que conocía.

O quizá una versión más honesta de él.

La carta terminaba así:

“No espero que regreses.

Sólo quería decir que ellos no eran el problema.

Yo no estaba preparado.

Y te hice daño tratando de convertir mi miedo en una orden.”

Guardé la carta.

No contesté ese día.

Ni el siguiente.

Una semana después escribí:

“Gracias por decirlo.”

Nada más.

A veces una disculpa sirve para reparar.

Otras veces sirve sólo para cerrar una puerta sin odio.

La nuestra fue la segunda.

Pasó un año.

Los gemelos cumplieron seis.

El dinosaurio de peluche seguía con nosotros, aunque tenía una costura horrible que yo había reparado a mano.

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