Un error en la identificación de unkara bebé en el hospital pone fin a cinco años de profundo dolor.

Cerré los ojos.

Durante cinco años había imaginado cómo sería abrazar a mi hija.

Nunca había imaginado que el abrazo llegaría de aquella manera.

—Hola, mi amor —susurré, acariciándole los rizos.

Ellie se apartó un poco para mirarme.

—¿Por qué lloras?

Intenté sonreír.

—Porque estoy muy feliz de verte.

Ella me secó una lágrima con su dedito.

—No llores, tía Claire. Yo puedo darte un beso para que estés mejor.

Y me besó la mejilla.

Aquello terminó de romperme.

La abracé con cuidado, como si tuviera miedo de que alguien volviera a arrebatármela.

Entonces Ellie me susurró al oído:

—Tía Claire, ¿puedo preguntarte una cosa?

—Claro, cariño.

Miró por encima de mi hombro para asegurarse de que Nora no estuviera escuchando.

—¿Tú conocías a mi primera mamá?

Dejé de respirar por un instante.

—¿Qué sabes de tu primera mamá, Ellie?

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