Después, el vídeo.
El silencio fue absoluto.
Jenna dejó caer su copa.
Mark se puso blanco.
—Carol, puedo explicarlo…
—Todavía no he terminado —respondí.
Daniel mostró las transferencias bancarias y el contrato de la casa del lago.
Algunos invitados comenzaron a levantarse.
La madre de Jenna se llevó ambas manos a la boca.
Entonces mi hijo habló.
—Papá, te llevaste a mi esposa. Pero ahora vas a perder algo que nunca imaginaste.
Mark intentó acercarse.
Daniel retrocedió.
—Mi abogado ya tiene las pruebas.
En ese preciso momento, sonó el timbre.
Abrí la puerta.
Era nuestra abogada.
Pero no venía sola.
A su lado estaba una mujer de unos cuarenta años que sostenía una carpeta negra.
Cuando Mark la vio, retrocedió como si hubiera visto un fantasma.
—Tú… —susurró—. ¿Qué haces aquí?
La desconocida me miró.
—Carol, soy Rebecca. Y hay algo que debes saber.