Durante los días siguientes, Daniel y yo interpretamos nuestros papeles perfectamente.
Preparé las cenas favoritas de Mark.
Daniel besó a Jenna antes de irse al trabajo.
Sonreímos.
Conversamos.
Fingimos.
Hasta que llegó el domingo.
Era el cumpleaños número sesenta de Mark.
Había organizado una cena familiar en nuestra casa.
Veintisiete invitados.
Amigos, familiares y compañeros de trabajo.
Mark estaba encantado.
Jenna apareció con un vestido rojo y una sonrisa inocente.
Durante la cena, mi marido levantó su copa.
—Treinta y un años con la mejor esposa del mundo —declaró—. Soy un hombre afortunado.
Todos aplaudieron.
Yo también.
Después me levanté lentamente.
—Antes del pastel, Daniel y yo tenemos una sorpresa.
Mark sonrió.
—¿Otra sorpresa, cariño?
—Una que jamás olvidarás.
Daniel conectó su computadora al televisor del salón.
La pantalla se iluminó.
Apareció la fotografía del hotel.