—¡Julian!
Era Vanessa.
Había entrado en el salón acompañada de Margaret.
Su maquillaje estaba corrido y llevaba el vestido de novia recogido con una mano.
—Tenemos que irnos —le dijo—. Ahora mismo.
Julian no se movió.
—¿Por qué?
Vanessa miró a su alrededor.
—Porque esta mujer ha venido a destruirnos.
—No —respondió él—. Ha venido a presentarme a mis hijos. Tú eres quien parece tener miedo de que se descubra algo.
Vanessa empezó a temblar.
—No sabes nada.
—Entonces explícame qué quisiste decir cuando afirmaste que todo sería vuestro.
Ella abrió la boca.
Pero no encontró respuesta.
Y, por primera vez, Julian pareció comprender que el problema no había comenzado el día en que yo regresé.
Había comenzado mucho antes.
PARTE 5: La verdad sobre los tres niños
Dos días después, Julian recibió una llamada de su abogado.
Vanessa había aceptado someterse a una prueba de paternidad, aunque insistía en que se trataba de una formalidad innecesaria.