Salí de la iglesia con el vestido lleno de barro y 30 invitados riéndose mientras mi madrastra sonreía.-tete

Mateo apareció cuando una tormenta derribó varios pinos en la finca. Trabajaba con una cuadrilla local limpiando caminos. Hablaba poco, cobraba por jornada y conducía una vieja furgoneta. Beatriz vio en él la humillación perfecta.

—Si tanto defiendes ese bosque, cásate con uno que viva de cortar árboles —bromeó una noche.

La broma se convirtió en propuesta cuando Ernesto prometió retirar una demanda sobre la herencia si Lucía abandonaba la casa y dejaba de bloquear la venta durante 1 año. Lucía aceptó casarse con Mateo solo después de que él le dijera, a solas, algo que nadie de su familia había sido capaz de decirle:

—Si mañana cambias de idea, no firmes. No le debes tu vida a nadie.

Eso bastó para que Lucía confiara más en aquel desconocido que en su propia casa.

Tras la ceremonia, Beatriz entregó a Mateo un sobre con 2.000 euros delante de todos.
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