Nuria se detuvo en el umbral.
—¿Puedo llamarte algún día?
—Puedes llamar. Que conteste será decisión mía.
Cuando el coche familiar desapareció entre los pinos, quedaron los 4 vehículos negros, los directivos y un chófer sosteniendo un traje que ya parecía ridículo.
Lucía miró a Mateo.
—Ahora te toca a ti.
Él pidió a los demás que se alejaran.
—No soy pobre.
—Eso ya lo he deducido.
—Pero sí corto madera. Sí trabajo con las cuadrillas. Y sí acepté casarme contigo sabiendo que tu familia quería usarme para humillarte.
Lucía endureció la mirada.
—Ese es el problema.
Mateo explicó que había pensado rechazar la propuesta. Después recordó a la mujer que había conocido semanas antes junto a un camino forestal, discutiendo con un contratista que quería talar fuera del perímetro autorizado. Lucía no sabía quién era él. Lo trató como a cualquier trabajador y se quedó bajo la lluvia hasta comprobar que los árboles protegidos seguían en pie.