Salí de la iglesia con el vestido lleno de barro y 30 invitados riéndose mientras mi madrastra sonreía.-tete

Nuria se detuvo en el umbral.

—¿Puedo llamarte algún día?

—Puedes llamar. Que conteste será decisión mía.

Cuando el coche familiar desapareció entre los pinos, quedaron los 4 vehículos negros, los directivos y un chófer sosteniendo un traje que ya parecía ridículo.

Lucía miró a Mateo.

—Ahora te toca a ti.

Él pidió a los demás que se alejaran.

—No soy pobre.

—Eso ya lo he deducido.

—Pero sí corto madera. Sí trabajo con las cuadrillas. Y sí acepté casarme contigo sabiendo que tu familia quería usarme para humillarte.

Lucía endureció la mirada.

—Ese es el problema.

Mateo explicó que había pensado rechazar la propuesta. Después recordó a la mujer que había conocido semanas antes junto a un camino forestal, discutiendo con un contratista que quería talar fuera del perímetro autorizado. Lucía no sabía quién era él. Lo trató como a cualquier trabajador y se quedó bajo la lluvia hasta comprobar que los árboles protegidos seguían en pie.

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