Salí de la iglesia con el vestido lleno de barro y 30 invitados riéndose mientras mi madrastra sonreía.-tete

Ernesto se cubrió la cara.

—Lucía, lo siento.

Ella no se movió.

—¿Qué sientes exactamente?

La pregunta lo obligó a concretar.

—Haber dejado que Beatriz decidiera cómo tratarte. Haber usado mis deudas para asustarte. No haber preguntado nunca por qué Clara dejó esa ficha. Y haber pensado que conservar una casa era más importante que conservar tu confianza.

Lucía tragó saliva.

—Eso sirve más que decir “somos familia”.

Nuria empezó a llorar.

—Yo me reí ayer. Y grabé el vídeo.

—Sí.

—Lo borré esta mañana.

—Borrarlo no cambia que lo hicieras.

—Lo sé.

No hubo abrazo. Lucía no quería convertir una disculpa en una absolución automática.

Beatriz recogió su bolso.

—Perfecto. Ahora todos contra mí.

Ernesto levantó la cabeza.

—No. Cada uno con lo que hizo.

Era la primera vez que no utilizaba a Lucía como escudo.

Beatriz salió dando un portazo.

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