Ricardo miró hacia su hijo.
—Que una familia no se mantiene unida con dinero.
Valeria tardó unos segundos en responder.
—Sofía tendrá un festival escolar la próxima semana. Si quiere empezar a conocer a nuestra familia, puede venir.
Ricardo parecía sorprendido.
—¿Me permitirían hacerlo?
—Sí. Pero no necesita llevar regalos caros. Solo llegar a tiempo y aplaudir.
El hombre que había intentado comprar su desaparición aceptó aquella invitación.
Y cumplió.
La semana siguiente se sentó entre los demás familiares, en una pequeña escuela, y aplaudió con entusiasmo cuando Sofía apareció disfrazada de árbol.
Aquello no borró inmediatamente todos sus errores.
Pero fue el primer gesto sincero de un hombre acostumbrado a creer que todo tenía precio.
Meses después, Alejandro le pidió matrimonio a Valeria en el vestíbulo de la torre que ella había ayudado a construir.