Aquella noche, cuando Sofía se quedó dormida, Valeria lloró en silencio.
Recordó las burlas de sus compañeros, la investigación laboral y las fotografías de Alejandro cenando con Camila que habían circulado por internet.
Aunque él no había buscado aquel encuentro, todo parecía demostrarle que pertenecían a mundos incompatibles.
A la mañana siguiente fue a buscarlo.
—Tenemos que terminar esto, Alejandro.
Él dejó los planos sobre su escritorio.
—¿Qué pasó?
—Tu familia no me acepta. Tus trabajadores creen que estoy contigo por interés. No quiero que Sofía crezca escuchando que su mamá consiguió todo acostándose con el dueño.
Alejandro intentó acercarse, pero ella retrocedió.
—Podemos enfrentar esto juntos.
—Tú puedes enfrentarlo porque tienes dinero, abogados y un apellido poderoso. Yo tengo una niña que depende de mí.
—Valeria, te amo.
Aquellas palabras casi rompieron su determinación.