—Este dinero puede darle un futuro extraordinario a su hija. Solo tiene que desaparecer de la vida de Alejandro.
Valeria tomó el cheque entre sus dedos.
Ricardo sonrió, convencido de que había ganado.
Pero entonces ella metió la otra mano en su bolsa y sacó algo que él jamás esperaba ver.
PARTE 3
Valeria sacó un billete arrugado de cincuenta pesos y lo colocó junto al cheque.
—Esto es por mi café, señor Mendoza. No me gusta que nadie pague por mí, especialmente alguien que cree que puede comprarme.
Ricardo dejó de sonreír.
—Piénselo bien, muchacha. Estamos hablando de dos millones de pesos. Su hija podría estudiar donde quisiera. Usted no tendría que volver a cargar un solo costal.
Valeria miró el cheque una última vez.
Era más dinero del que había visto en toda su vida. Podría pagar las deudas que había dejado la enfermedad de su madre, mudarse a una casa decente y ofrecerle a Sofía oportunidades que ella jamás había tenido.