La fotografía tenía una fecha impresa.
Era de cinco días antes del ataque.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién tomó esto?
—No lo sé —respondió Emily—. Llegó a mi casa sin remitente.
Debajo de la fotografía había una nota escrita a mano.
«No fue un accidente. Y Rachel no fue la primera».
La doctora Martínez leyó aquellas palabras y pidió inmediatamente que llamaran al detective encargado.
Media hora después, un investigador llamado Thomas Reed entró en mi habitación.
Examinó la fotografía sin decir nada.
Luego preguntó:
—Rachel, ¿su esposo estuvo casado anteriormente?
Negué con la cabeza.
—Daniel me dijo que yo era su primera esposa.
El detective intercambió una mirada inquietante con Emily.
—Necesito que escuche esto con calma.
Abrió una carpeta.
En su interior había una fotografía de una mujer joven, embarazada y sonriente.
—Se llamaba Sarah Collins —explicó—. Desapareció hace siete años.