—Lo sabía —susurré—. Y me culpaba por ello.
La doctora bajó la mirada.
—Rachel, hay algo más que debemos decirle.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Qué cosa?
—Las lesiones que presenta indican que esto pudo haber ocurrido antes, aunque con menor intensidad.
Una imagen atravesó mi memoria.
Tres semanas atrás, Daniel me había empujado contra la encimera de la cocina.
Después me llevó flores.
Me pidió perdón.
Y me hizo prometer que nunca se lo contaría a Emily.
Comencé a llorar.
—Pensé que cambiaría cuando naciera nuestro bebé.
La doctora sostuvo mi mano.
—Ahora debemos concentrarnos en protegerla a usted.
En ese instante escuchamos gritos en el pasillo.
Dos guardias de seguridad intentaban contener a Daniel.
—¡Ella está confundida! —gritaba—. ¡Yo sólo quería salvar a mi familia!
Entonces una voz femenina respondió con una furia que reconocí inmediatamente.