Alguien había informado a Mark de que estaba comprando aquella casa.
Y esa persona podía estar mucho más cerca de mí de lo que imaginaba.
A la mañana siguiente regresé a Ohio con Rachel.
No entré en la casa inmediatamente.
Me quedé unos minutos en el coche, mirando la puerta lateral.
El teclado era nuevo.
La cerradura también.
El jardín estaba silencioso.
La casa seguía siendo mía.
Y, sin embargo, aquella invasión había cambiado algo.
No quería vivir con miedo.
Quería saber la verdad.
Cuando entré, encontré una carpeta que los agentes habían dejado separada de las demás pertenencias. Contenía copias de los documentos que Mark había presentado.
Los revisé uno por uno.
En la última hoja había una dirección de correo electrónico que no reconocía y un número de teléfono parcialmente oculto.