Busqué en mi correo todos los mensajes relacionados con la compra de la casa.
No encontré nada que hubiera enviado a Mark.
Pero sí encontré algo extraño.
Dos días antes de cerrar la compra, había recibido un mensaje de Patricia con un archivo adjunto que no recordaba haber abierto.
El asunto decía:
«Documentación final: revisar antes de firmar».
Descargué el archivo.
Era una carpeta con varios documentos inmobiliarios, todos aparentemente normales.
Hasta que llegué a la última página.
Había una hoja que no pertenecía a la documentación de la compra.
Era una declaración en la que se mencionaba a Mark.
El texto afirmaba que, por motivos personales, yo aceptaba permitirle el acceso temporal a la vivienda durante el periodo de transición posterior al divorcio.
Al final aparecía mi nombre mecanografiado.
Pero no mi firma.
Y, en una esquina, había una anotación manuscrita: