Miré hacia el jardín.
Mauricio hablaba por teléfono.
Cuando me vio, terminó la llamada.
—¿Todo bien? —preguntó.
—Perfecto.
Entonces mi celular vibró.
Un mensaje de un número desconocido.
“Si quieres saber quién falsificó realmente tu firma, ven solo.”
Debajo había una ubicación.
Un estacionamiento cerca del centro de Querétaro.
Se lo mostré a Natalia.
—No vayas solo —respondió inmediatamente.
No lo hice.
Tomamos precauciones y acordamos encontrarnos en un lugar abierto, con gente alrededor.
A las cinco de la tarde apareció Federico.
Parecía no haber dormido.
—Me van a hundir —dijo.
—Tú participaste.
—No sabes todo.
—Entonces habla.
Federico miró alrededor.
—Mauricio debía muchísimo dinero. Teresa quería salvarlo. Al principio me pidieron que acomodara movimientos contables. Me negué.
—El video dice otra cosa.
Su rostro perdió color.
—¿Qué video?
No respondí.
Federico comprendió.
—Entonces Laura sí guardó pruebas.
—Habla.