Presentamos las acciones correspondientes y reunimos documentación para desconocer formalmente las firmas y operaciones.
También guardamos copias de los videos, estados de cuenta, mensajes y archivos en varios lugares.
Natalia insistió en algo:
—No confrontes a nadie todavía.
Sin embargo, cuando regresé a casa, encontré mi habitación revuelta.
El colchón estaba levantado.
Los cajones abiertos.
La computadora había desaparecido.
Laura estaba en el pasillo.
—Mauricio entró.
—¿La USB?
Laura metió la mano en el bolsillo.
—Aquí.
Casi sonreí.
Habíamos dejado la computadora como señuelo.
Las copias importantes ya estaban protegidas.
Esa noche Mauricio estaba demasiado tranquilo.
—¿Perdiste algo? —preguntó mientras bebía cerveza.
—No que yo sepa.
Por primera vez, su sonrisa desapareció.
A la mañana siguiente recibí una llamada de Natalia.
—Tenemos un problema.
—¿Qué pasó?
—Federico desapareció.
—¿Cómo que desapareció?
—Su despacho está cerrado. No responde. Y alguien retiró documentos anoche.