—Que espere.
—Dice que si no le pagamos antes del viernes, nos deja solos.
Mi mamá respondió:
—Entonces habrá que vender algo rápido.
Hubo un silencio.
Después escuché tres palabras:
—El terreno de Juriquilla.
Sentí un escalofrío.
Mi padre había comprado ese terreno años antes de morir.
Después de arreglar la sucesión, una parte había quedado a mi nombre.
Yo jamás había autorizado venderlo.
Al día siguiente llamé a Natalia.
—Hay otro bien.
Ella guardó silencio.
—Ven inmediatamente.
Cuando llegué, ya había pedido información documental disponible.
Me mostró una copia.
Alguien había preparado un poder donde supuestamente yo facultaba a mi madre para realizar ciertos actos relacionados con mis bienes.
—Yo nunca firmé eso.
—Lo imaginé.
—¿Pueden vender el terreno?
—Vamos a actuar para impedir que una operación cuestionada avance, pero necesito que hagas exactamente lo que te diga.