Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Qué significa eso?
—Yo solamente quería asustarla.
No dije nada.
Fernanda se cubrió la boca.
Había hablado demasiado.
—¿Qué hiciste?
—Nada como lo que estás pensando.
—Entonces dilo.
—Ella tenía documentos. Iba a entregarlos.
—¿Y tú la seguiste?
Fernanda comenzó a temblar.
—Papá dijo que sólo necesitábamos recuperar una memoria USB.
Mi sangre se heló.
—¿Papá estaba contigo?
No respondió.
—Fernanda.
Entonces miró hacia la entrada.
Su expresión cambió por completo.
—Dios mío.
Me volteé.
Mi padre acababa de entrar al restaurante.
Pero no venía solo.
A su lado caminaba un hombre de unos cincuenta años que yo nunca había visto.
Fernanda se levantó bruscamente.
—¿Qué hace él aquí?
El desconocido se detuvo frente a nuestra mesa.
Me miró durante varios segundos.
Después colocó un sobre grueso frente a mí.