—¿Cuánto?
Sara bajó la mirada.
—En ese momento, alrededor de dos millones de pesos entre recursos y el valor proporcional del inmueble.
—¿Y dónde terminó?
Sara señaló una carpeta.
—En una empresa vinculada con tu padre.
La misma empresa.
Inmobiliaria San Jerónimo del Centro.
Mauricio empezó a ordenar las hojas sobre la mesa.
Yo apenas podía pensar.
Aquel dinero podía haber pagado mi prótesis.
Mis estudios.
Mis terapias.
Mientras yo caminaba con unas muletas mal ajustadas, mis padres habían usado recursos que mi abuela dejó específicamente para protegerme.
—¿Fernanda sabía?
pregunté.
Sara tardó demasiado en responder.
—No sé cuánto sabía entonces.
—¿Y ahora?
—Ahora sí sabe.
Sentí algo romperse dentro de mí.
—¿Cómo estás segura?
Sara sacó su celular.
—Porque Daniela encontró un correo.
En el mensaje, Fernanda le escribía a mi padre:
“Si Mariana descubre de dónde salió originalmente el capital, no tendremos solamente el problema de la auditoría.”