Al principio, necesitaba recordatorios.
Después empezó a consultar el calendario por su cuenta.
Hubo discusiones. Hubo momentos en los que volvió a decir que estaba agotado y yo tuve que recordarle que yo también tenía derecho a descansar.
Pero esta vez no cedí automáticamente.
También comenzamos terapia de pareja.
En la primera sesión, Brandon explicó que sentía que toda su vida había cambiado desde que nacieron las niñas. Habló de su trabajo, de la presión económica y de la sensación de haber perdido su libertad.
La terapeuta lo escuchó y después me preguntó cómo me sentía yo.
—Como si hubiera desaparecido —respondí—. Antes era una persona. Ahora parece que solo soy la encargada de que todo funcione.
Me tembló la voz.
—Amo a mis hijas más que a nada. Pero eso no significa que no pueda estar agotada. Ni que tenga que agradecerle a mi marido cada vez que cambia un pañal.