PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

Porque al día siguiente, el problema dejó de ser una cena y se convirtió en algo mucho más grave.

A las nueve de la mañana, Verónica, la gerente del banco, me llamó.

Su voz había cambiado. Ya no tenía la tranquilidad habitual de quien me había atendido durante años.

—Señora Salazar, necesito que venga a la sucursal cuanto antes.

—¿Ocurrió algo con las cancelaciones?

—No exactamente. Hemos detectado un documento relacionado con un fideicomiso que necesitamos verificar personalmente con usted.

Me senté lentamente.

—¿Qué fideicomiso?

Hubo una pausa.

—Uno que aparece registrado con su firma.

Sentí frío en las manos.

—Yo no he firmado ningún fideicomiso.

—Por eso necesitamos hablar. Traiga su identificación y cualquier documento que conserve sobre sus cuentas.

Llegué al banco poco después de las diez.

Verónica me condujo a una oficina privada. Sobre el escritorio había varias hojas, una copia de mi identificación y un documento con sellos y firmas.

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