Lo observé durante unos segundos.
—La confianza no se recupera con una promesa, Santiago.
—Lo sé.
—Se recupera con la verdad, con responsabilidad y con tiempo. Y puede que algunas cosas nunca vuelvan a ser como antes.
Asintió.
No le ofrecí dinero.
No le prometí que retiraría las medidas legales.
Tampoco le cerré la puerta para siempre.
Le dije que, si quería reconstruir nuestra relación, tendría que hacerlo sin esperar que yo pagara por sus errores.
Antes de marcharse, Emilia volvió a abrazarme.
—¿Nos vemos el próximo domingo?
Miré a Santiago. Él esperó mi respuesta sin intervenir.
—Claro que sí, cariño.
Y esa vez no sentí culpa.
Aquella noche volví a sacar la carpeta que llevaba quince años guardando.
En la portada seguía escrito el nombre de mi hijo.
Dentro estaban las transferencias, los recibos y los préstamos que nunca me había devuelto. Agregué una copia de las cancelaciones, guardé los documentos bancarios en una carpeta separada y cerré el cajón.