PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

—¿Viste ese consentimiento?

—No.

—¿Me preguntaste a mí?

—No.

Cerré los ojos un instante.

—Entonces no vuelvas a decir que lo hiciste por la familia. Si querías protegerla, debiste asegurarte de que yo estuviera de acuerdo.

No discutimos más.

Con el tiempo, los especialistas y las autoridades tendrían que determinar qué responsabilidad correspondía a cada persona. Yo no iba a decidirlo por mi cuenta.

Mi responsabilidad era protegerme y decir la verdad.

Dos meses después, llegó el resultado preliminar del análisis documental.

La firma del fideicomiso presentaba diferencias relevantes respecto de mis firmas auténticas y requería una investigación adicional sobre su origen. El informe no identificaba por sí solo a la persona responsable, pero reforzaba la necesidad de examinar quién había preparado y presentado el documento.

Patricia me explicó los siguientes pasos.

Yo escuché, hice preguntas y firmé únicamente aquello que comprendía y que mi abogada me recomendaba firmar.

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