—¿Viste ese consentimiento?
—No.
—¿Me preguntaste a mí?
—No.
Cerré los ojos un instante.
—Entonces no vuelvas a decir que lo hiciste por la familia. Si querías protegerla, debiste asegurarte de que yo estuviera de acuerdo.
No discutimos más.
Con el tiempo, los especialistas y las autoridades tendrían que determinar qué responsabilidad correspondía a cada persona. Yo no iba a decidirlo por mi cuenta.
Mi responsabilidad era protegerme y decir la verdad.
Dos meses después, llegó el resultado preliminar del análisis documental.
La firma del fideicomiso presentaba diferencias relevantes respecto de mis firmas auténticas y requería una investigación adicional sobre su origen. El informe no identificaba por sí solo a la persona responsable, pero reforzaba la necesidad de examinar quién había preparado y presentado el documento.
Patricia me explicó los siguientes pasos.
Yo escuché, hice preguntas y firmé únicamente aquello que comprendía y que mi abogada me recomendaba firmar.