PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

También descubrimos que algunas de las solicitudes de financiación de la empresa de Santiago se habían elaborado utilizando información sobre mis bienes.

No todas las solicitudes habían prosperado. No había pruebas de que mi casa hubiera sido transferida ni de que yo hubiera perdido la propiedad de mis cuentas.

Pero el riesgo había sido real.

Y eso bastaba para justificar todas las medidas que habíamos tomado.

Fernanda intentó llamarme varias veces. No contesté hasta que Patricia me aconsejó que, si decidía hablar con ella, mantuviera la conversación centrada en los hechos y evitara acuerdos improvisados.

Cuando finalmente hablamos, Fernanda comenzó llorando.

—Yo solo quería que nuestra familia estuviera bien.

—¿Sabías que el documento se iba a presentar con una firma que yo no había autorizado?

Su silencio fue más largo que cualquier respuesta.

—Santiago dijo que tú habías dado tu consentimiento.

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