La llegada de Raymond Harrell
A las 8:31, un automóvil negro se detuvo frente a la mansión Conway.
Phoebe abrió la puerta antes de que el conductor pudiera tocar el timbre.
Su padre salió del vehículo.
Raymond tenía el cabello plateado, un traje oscuro y la expresión de un hombre acostumbrado a negociar con personas que rara vez se atrevían a contradecirlo.
Pero cuando vio a su hija, toda aquella autoridad desapareció.
—Phoebe…
Ella intentó sonreír.
No pudo.
Raymond abrió los brazos y la abrazó.
Durante varios segundos ninguno dijo nada.
Después él se apartó lo suficiente para mirarla.
—Estás demasiado delgada.
—Estoy bien, papá.
—No me mientas. Te conozco desde antes de que supieras hablar.
Phoebe soltó una pequeña risa entre lágrimas.
Él observó el vestido desgastado que llevaba sobre la cama.
—¿Ese es el vestido que querías ponerte para la gala?