PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

Y esa fue la verdadera herencia que recuperó aquella noche.

No la fortuna de su padre.

No el poder de su apellido.

Ni siquiera la oportunidad de ver cómo el mundo empresarial de Spencer se tambaleaba.

Fue algo mucho más sencillo y más valioso:

La certeza de que el amor jamás debería exigirle a una persona que renuncie a su dignidad para merecerlo.

Porque Spencer había creído que su esposa era una mujer insignificante por llevar un vestido viejo.

Nunca entendió que la verdadera elegancia no estaba en las joyas, los automóviles ni las invitaciones exclusivas.

Estaba en la forma en que una persona trataba a quienes no podían ofrecerle nada a cambio.

Y cuando Phoebe dejó de intentar ganarse su respeto, recuperó algo que él jamás podría quitarle de nuevo:

Su libertad.

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