PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

Spencer miró los papeles.

Su rostro había perdido todo el color.

Durante meses había presentado a su compañía como una empresa sólida, ocultando problemas de liquidez y utilizando previsiones demasiado optimistas para conseguir financiación.

Había confiado en que nadie revisaría los detalles antes de cerrar el acuerdo.

Ahora los tenía delante de él.

—Puedo explicarlo —dijo.

—Entonces, explíquelo —respondió Raymond.

Spencer abrió la boca.

La cerró.

Miró a Phoebe.

—Esto es por ella, ¿verdad? Está enfadada conmigo y ha convencido a su padre para arruinarme.

Phoebe sintió una punzada de dolor.

Incluso en aquel momento, él seguía sin asumir la responsabilidad de sus actos.

—Yo no preparé esos documentos, Spencer.

—¡Pero tú has traído a tu padre aquí!

—Te llamé porque necesitaba saber la verdad sobre mi matrimonio. La revisión de tu empresa es asunto de los inversores.

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