—Así que huiste.
—Quería llegar a una propiedad que teníamos al norte, donde guardábamos registros antiguos. Pensé que podría encontrar pruebas allí. Pero mi carreta volcó durante una tormenta. Perdí el caballo, la mayor parte de mis provisiones y una caja con documentos.
Mariana recordó el barro en sus pantalones y la mano vendada.
Por primera vez, comprendió que aquellas heridas no eran el resultado de un simple accidente sin importancia.
—¿Y por qué no me dijiste quién eras cuando te di agua?
Daniel sostuvo su mirada.
—Porque cuando me encontraste, llevaba dos días sin comer bien y no sabía si los hombres de mi tío me estaban siguiendo. Cuando me ofreciste un lugar donde dormir, sentí que podía descansar por primera vez en semanas.
—Podías haberme dicho la verdad después.
—Sí.
No intentó justificarse.
Aquello la desconcertó.
—¿Cuándo pensabas hacerlo?