El Hombre Sin Nada Que Podía Comprar Veinte Veces El Rancho De Mariana-lbsuong

Daniel se acercó un poco.

—¿Y de haberte casado conmigo?

Mariana fingió pensarlo.

—Todavía estoy decidiendo.

Él bajó la cabeza, aceptando la respuesta.

Entonces ella le tomó la mano.

—Pero creo que podrías convencerme de que fue una buena decisión.

Daniel levantó los ojos.

No intentó besarla inmediatamente ni aprovechó el momento para pedirle más.

Esperó.

Mariana sonrió y se acercó por voluntad propia.

El beso fue breve, cálido y torpe.

Pero fue el primero que se dieron sin que una obligación, una deuda o una necesidad los empujara a hacerlo.

Cuando se separaron, Daniel apoyó la frente contra la de ella.

—Te amo, Mariana.

Ella cerró los ojos.

Había esperado mucho tiempo para escuchar aquellas palabras de un hombre.

Pero esta vez no necesitaba creerlas únicamente porque él las pronunciara.

Podía mirar las semanas de trabajo compartido, las promesas cumplidas y las decisiones tomadas con respeto.

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