Durante dos días apenas recibió noticias.
El tercero, llegó una carta.
Daniel había presentado los documentos ante los socios de Olmos y Rivas. Un contador independiente había comenzado a revisar las operaciones. Varios empleados confirmaron que habían recibido instrucciones de alterar ciertos registros.
Esteban negó las acusaciones.
Pero las pruebas eran demasiado importantes para ignorarlas.
Los socios suspendieron temporalmente sus facultades de administración mientras se realizaba una investigación formal.
Daniel recuperó el acceso a los libros de cuentas y a los contratos de la empresa.
No fue una victoria completa.
El proceso sería largo, y algunas de las operaciones tendrían que revisarse ante las autoridades correspondientes.
Pero Esteban ya no podía actuar sin supervisión.
Daniel había recuperado algo más importante que el control de un negocio.
Había recuperado la posibilidad de descubrir toda la verdad.
La carta terminaba con una frase escrita de su puño y letra: