La mujer abrazó a Daniel.
—No sé cómo agradecerle que haya salido a buscarlos.
Él se quitó el sombrero.
—Agradézcaselo a los vecinos que abrieron sus puertas y prestaron sus caballos. Nadie habría podido hacerlo solo.
Mariana lo escuchó desde el porche.
Recordó la primera noche, cuando él había llegado sin caballo ni equipaje y había pedido únicamente agua.
Ahora sabía que aquel hombre podía comprar cientos de ranchos.
Pero lo que acababa de hacer no tenía nada que ver con su dinero.
Había salido al frío porque había gente que necesitaba ayuda.
Y por primera vez, Mariana comenzó a comprender al hombre detrás de la fortuna.
No lo perdonó todavía.
Pero empezó a verlo.
4. La visita de Esteban Olmos
Tres días después de la tormenta, llegó una carreta elegante.
Dos caballos negros tiraban de ella y un cochero vestido con un abrigo impecable sostenía las riendas.