Antes de partir, Daniel inspeccionó el rancho.
Les indicó cómo utilizar la barrera para proteger a las vacas de los cambios de viento, dónde encontrar leña seca y cómo abrir un sendero sin que la nieve acumulada se desplomara sobre ellos.
Mariana observó sus movimientos.
No daba órdenes para impresionar a nadie.
Sabía lo que hacía.
Y se tomaba el tiempo de explicar por qué.
Cuando llegaron al camino, encontraron a los tres trabajadores refugiados bajo un saliente rocoso, exhaustos y con los pies entumecidos.
Uno de ellos estaba herido.
Daniel se arrodilló junto a él.
—No intentes levantarte todavía. Vamos a cubrirte y a calentarte poco a poco.
Mariana ayudó a envolver a los hombres con mantas. Tomás regresó con el trineo, y entre todos consiguieron llevarlos hasta el rancho más cercano.
La familia de uno de los trabajadores los recibió llorando.