—No vas a ninguna parte mañana —dijo ella.
Daniel frunció el ceño.
—Mariana, no entiendes. Si mi tío consigue los votos necesarios, podría quedarse con el control del negocio.
—Y si sales con este tiempo, podrías terminar muerto en una zanja. Entonces tu tío tendría el negocio de todas formas.
Tomás intentó ocultar una sonrisa.
Daniel no sonrió.
—No puedo quedarme sentado mientras todo se desmorona.
—No te estoy pidiendo que te sientes. Te estoy diciendo que mires por la ventana.
La primera ráfaga golpeó la casa.
Una contraventana se sacudió con violencia.
Canelo comenzó a ladrar.
Daniel se acercó a la puerta y salió al porche. Mariana lo siguió.
Desde allí pudieron ver cómo el viento levantaba polvo y hojas secas del suelo. Las nubes cubrían ya la loma, y las primeras partículas de nieve se arremolinaban alrededor de la cerca.