Khloe comenzó a llorar.
Por un instante, vi a la niña con la que había compartido habitación cuando éramos pequeñas. La hermana que se metía en mi cama durante las tormentas y que me pedía que le prometiera que nunca la abandonaría.
Después recordé a nuestra madre, de rodillas sobre las piedras calientes.
Y la compasión que había sentido desapareció bajo el peso de la realidad.
—¿Dónde está mamá? —preguntó Khloe de pronto.
—Está descansando en un hotel.
—Quiero verla.
—Podrás verla cuando ella quiera verte.
—¡Es nuestra madre!
—Exactamente. Nuestra madre. No tu empleada.
Khloe se cubrió el rostro.
Julian, en cambio, parecía estar calculando sus opciones.
Lo conocía lo suficiente como para saber que no sentía arrepentimiento.
Sentía miedo.
Y el miedo estaba a punto de hacerlo cometer otro error.
2. La caja fuerte del dormitorio principal
Harrison pidió a Julian y Khloe que no retiraran objetos de la propiedad hasta que se aclarara qué pertenecía a quién y se organizara una salida legal y segura.