Ella lo miró con decepción.
—Entonces me convirtió en parte de una investigación sin decírmelo.
—Sí. Y fue un error. Lo siento.
Aquella disculpa no borró lo sucedido.
Valeria se marchó.
Durante el trayecto a casa, no dejó de mirar la fotografía.
Había pasado toda su vida creyendo que su historia familiar era sencilla: una madre trabajadora, un padre muerto y una infancia llena de dificultades.
Ahora descubría que existía una parte entera de su pasado que le habían ocultado.
Al llegar a su apartamento, dejó el bolso sobre la mesa y llamó a su madre.
Eran casi las once de la noche.
—¿Valeria? ¿Te pasó algo, hija?
La voz preocupada de su madre hizo que se le llenaran los ojos de lágrimas.
—Mamá, necesito preguntarte algo.
—Dime.
—¿Conociste a un hombre llamado Gabriel Salgado?
Al otro lado de la línea se hizo un silencio absoluto.