Valeria frunció el ceño.
—¿Desaparición?
—Gabriel no murió oficialmente. Simplemente desapareció. Dejó su casa, su trabajo y todas sus pertenencias. La última persona que intentó localizarlo fue una mujer que vivía en Puebla.
Valeria sintió que la sangre abandonaba su rostro.
—Mi madre.
Alejandro asintió.
—Tu madre.
El sobre que cambió todo
Valeria no se quedó en el hotel aquella noche.
Alejandro pidió un taxi para ella y le entregó la carpeta negra, junto con un número de teléfono para que pudiera comunicarse con él si necesitaba ayuda.
Antes de salir, ella se volvió hacia él.
—¿Por qué me dijo que ahora estaba completamente seguro cuando le confesé que nunca había estado con un hombre?
Alejandro guardó silencio unos segundos.
—Porque llevaba meses buscando a la hija de Gabriel. Había recibido información contradictoria sobre su identidad y necesitaba confirmar ciertos datos antes de mostrarte esos documentos. Tu respuesta no demostraba quién eras, Valeria. Eso lo sé ahora. Fue la fotografía y la información de tu familia lo que me llevó a relacionarte con él.