—¿Explicarme qué?
Alejandro señaló la carpeta negra.
—Que llevo meses intentando averiguar qué ocurrió con mi hermano. Y que, cuando vi tu apellido en los documentos de la empresa donde trabajamos, comencé a sospechar que tú eras la hija de la mujer a la que él nunca pudo olvidar.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Me estuvo investigando?
—Sí. Y debí decírtelo. No voy a justificarlo.
Ella tomó su bolso.
—Me voy.
Alejandro no intentó detenerla.
Se apartó de la puerta y le dijo:
—Puedes irte. No tienes que quedarte conmigo ni escuchar una sola palabra más. Pero, por favor, llévate esta fotografía. Creo que tienes derecho a conocer la verdad sobre tu familia.
Valeria miró la imagen una última vez.
Después miró la maleta.
Y entonces vio algo que no había notado antes.
En la esquina inferior de la fotografía había una fecha escrita a mano.