Valeria sintió que las piernas le fallaban.
La mujer de la fotografía era su madre.
Y el hombre que la abrazaba tenía los mismos ojos que Alejandro.
—¿Quién es él? —preguntó con un hilo de voz.
—Mi hermano mayor. Gabriel.
Valeria volvió a mirar la imagen.
—¿Y por qué tiene una fotografía de mi madre?
Alejandro tardó varios segundos en responder.
—Porque Gabriel estaba enamorado de ella.
El silencio que siguió pareció interminable.
Valeria sintió que su vida entera acababa de convertirse en una historia que alguien más había escrito sin consultarla.
—Eso no tiene sentido. Mi madre nunca me dijo que hubiera conocido a su hermano.
—Lo sé.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
Alejandro apretó los labios.
—Todo.
Valeria retrocedió un paso.
—No. No puede hacerme esto. Yo vine aquí porque confiaba en usted.
—Y tienes razón en estar enfadada. Debí explicártelo antes.